martes, 20 de agosto de 2013

Periodismo de profundidad = (ángeles + demonios)/ café

Periodismo de profundidad, periodismo de trascendencia, periodismo explicativo... y bla bla bla. La realidad es que todas estas formas de periodismo encarnan principios y fines que rigen lo único en lo que todos los reporteros debemos estar de acuerdo en hacer: el BUEN periodismo, es decir, el periodismo COMUNICATIVO.

Este periodismo es el que genera dialéctica entre informaciones, entre actores, y por ende, entre los protagonistas de nuestra nota y sus lectores. Para lograr este periodismo necesitamos precisamente NARRAR. Así como narramos a nuestro amigos los pormenores de la fiestota del viernes, así debemos narrar a nuestros lectores la estafa cometida por cierta casa farmacéutica. De esta manera, no solo envestimos las historias de verosimilitud para que nos crean, sino también para que nos vivan como las historias humanas y reales que son. 

Las lecturas de esta semana hablan durante horas (al menos así lo sentí yo) de técnicas para producir un periodismo narrativo, pero para mí es imprescindible rescatar los cuidados que debemos tener para que no nos perdamos en ese proceso de narración, y que como resultado terminemos para viciar cono nuestra opinión la historia que estamos contando.

Es necesario reflexionar sobre los límites de la narración en el periodismo a fin de ser capaces de identificar las fronteras durante el proceso de reporteo y elaboración de la información. Mantener nuestra producción en el marco del periodismo es un desafío, puesto que para narrar y hacer a nuestro lector vivir nuestra historia es crucial la inmersión en ella de nuestra parte.

Las lecturas destacan que desde el momento en que elegimos quién habla y quién no, estamos imprimiendo nuestra opinión en el texto y sobre el lector. Sin embargo, no se ofrece ninguna metodología puntual para evitar esto. Yo considero que para evitarlo debemos regresar a los principios del periodismo y pensar en el fairness. Necesitamos fairness a fin de suprimir esa tendencia inherente como personas a viciar nuestros productos con nuestra opinión. Debemos acumular las opiniones de fuentes que compartan las nuestras, fuentes que rechacen las nuestras, fuentes que piensen como nuestro público, y fuentes que no. Incluso creo que a nivel metodológico debemos hacer fairness, utilizando métodos cuantitativos y cualitativos en  nuestras investigaciones.

Este fairness  resulta en una dialéctica donde ponemos a amigos  y archienemigos a conversar como si tomaran café, y ese café representa el valor vivencial que proporciona narrar en lugar de divulgar información crudamente. Lograr traer opiniones oponentes a una misma mesa a hablar cándidamente no es fácil, pero es el reto que debemos afrontar para comunicar con la mayor eficacia. Los autores hablan de mostrar lo doméstico en lo exótico y viceversa, y es precisamente el trazo de eso vínculos lo que hace de nuestra nota un producto narrativo periodístico al generar puentes entre informaciones y entre nuestros personajes y nuestros lectores. Una nota con el valor informativo del periodismo pero también con el valor emocional que puede tener.

Finalmente, para rematar... difiero por completo de la visión encajonada del autor al separar los cuatro enfoques para narrar una gran historia: el abogado, el historiado, el poeta y el reportero. Yo lo siento, pero para mí una nota de la que yo pueda decir que excluye algunas dosis de estos enfoques, no está completa. Yo pienso que una nota debe velar por sostener un argumento válido como el abogado, la comprehensión del contexto del historiador, le sensibilidad provocativa del poeta, y la visión narrativa de precisión del reportero. Los seres humanos y nuestras historias son  multidimensionales, y por ende para contarlas debemos usar también una narración que abarque esas diversas dimensiones.


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