Periodismo de profundidad, periodismo
de trascendencia, periodismo explicativo... y bla bla bla. La realidad es que
todas estas formas de periodismo encarnan principios y fines que rigen lo único
en lo que todos los reporteros debemos estar de acuerdo en hacer: el BUEN
periodismo, es decir, el periodismo COMUNICATIVO.
Este periodismo es el que genera
dialéctica entre informaciones, entre actores, y por ende, entre los
protagonistas de nuestra nota y sus lectores. Para lograr este periodismo
necesitamos precisamente NARRAR. Así como narramos a nuestro amigos los
pormenores de la fiestota del viernes, así debemos narrar a nuestros lectores
la estafa cometida por cierta casa farmacéutica. De esta manera, no solo
envestimos las historias de verosimilitud para que nos crean, sino también para
que nos vivan como las historias humanas y reales que son.
Las lecturas
de esta semana hablan durante horas (al menos así lo sentí yo) de técnicas para
producir un periodismo narrativo, pero para mí es imprescindible rescatar los
cuidados que debemos tener para que no nos perdamos en ese proceso de
narración, y que como resultado terminemos para viciar cono nuestra opinión la
historia que estamos contando.
Es necesario
reflexionar sobre los límites de la narración en el periodismo a fin de ser
capaces de identificar las fronteras durante el proceso de reporteo y
elaboración de la información. Mantener nuestra producción en el marco del
periodismo es un desafío, puesto que para narrar y hacer a nuestro lector vivir
nuestra historia es crucial la inmersión en ella de nuestra parte.
Las lecturas
destacan que desde el momento en que elegimos quién habla y quién no, estamos
imprimiendo nuestra opinión en el texto y sobre el lector. Sin embargo, no se
ofrece ninguna metodología puntual para evitar esto. Yo considero que para
evitarlo debemos regresar a los principios del periodismo y pensar en el fairness. Necesitamos fairness a fin de suprimir esa tendencia
inherente como personas a viciar nuestros productos con nuestra opinión. Debemos
acumular las opiniones de fuentes que compartan las nuestras, fuentes que
rechacen las nuestras, fuentes que piensen como nuestro público, y fuentes que
no. Incluso creo que a nivel metodológico debemos hacer fairness, utilizando métodos cuantitativos y cualitativos en nuestras investigaciones.
Este fairness resulta en una dialéctica donde ponemos a
amigos y archienemigos a conversar como
si tomaran café, y ese café representa el valor vivencial que proporciona
narrar en lugar de divulgar información crudamente. Lograr traer opiniones
oponentes a una misma mesa a hablar cándidamente no es fácil, pero es el reto
que debemos afrontar para comunicar con la mayor eficacia. Los autores hablan
de mostrar lo doméstico en lo exótico y viceversa, y es precisamente el trazo
de eso vínculos lo que hace de nuestra nota un producto narrativo periodístico
al generar puentes entre informaciones y entre nuestros personajes y nuestros
lectores. Una nota con el valor informativo del periodismo pero también con el
valor emocional que puede tener.
Finalmente,
para rematar... difiero por completo de la visión encajonada del autor al
separar los cuatro enfoques para narrar una gran historia: el abogado, el
historiado, el poeta y el reportero. Yo lo siento, pero para mí una nota de la
que yo pueda decir que excluye algunas dosis de estos enfoques, no está
completa. Yo pienso que una nota debe velar por sostener un argumento válido
como el abogado, la comprehensión del contexto del historiador, le sensibilidad
provocativa del poeta, y la visión narrativa de precisión del reportero. Los
seres humanos y nuestras historias son
multidimensionales, y por ende para contarlas debemos usar también una
narración que abarque esas diversas dimensiones.
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